Saltaba y saltaba la pobre ranita,
con su cara verde y sus castañas patitas.
Saltó y saltó y al estanque cayó,
su cara y sus patas cafés quedaron,
su lengua estirada quedó.
Ahora la ranita saltó y saltó,
más alto y más alto y al cielo llegó,
pero la pobre en la nube quedó.
Las moscas zumbaron, y la rana observó,
saltó y saltó más alto y más alto,
pero del cielo no se movió.
Pobre ranita, tan pequeñita,
que del cielo no pudo bajar,
Y en la nube aún está.
Autor Fiorella Cuevas
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